Por Encina Villanueva.

Hace casi 20 años que terminé la carrera de Historia del Arte. Durante los cinco años de estudios no recuerdo haber escuchado hablar de una mujer artista hasta que, tímidamente, fueron nombradas Berthe Morisot y Mary Cassatt en el contexto del movimiento impresionista de finales del siglo XIX en Francia. Aquello no fue grave solo porque el androcentrismo estuviera tan dentro de la enseñanza de la historia del arte que prácticamente salías de la carrera sin conocer el nombre de una mujer artista sino porque, finalizada mi formación, yo no era ni siquiera consciente de esa carencia.

Prácticamente salías de la carrera sin conocer el nombre de una mujer artista.

Cuando años más tarde empecé a empaparme del pensamiento y la práctica feminista, uno de los aspectos que quise revisar con urgencia fue la historia del arte. Conocer  la vida y obra de la barroca Artemisia Gentileschi, entre muchas otras, fue abriéndome un mundo apasionante de historias de mujeres que, no sin dificultades, se habían hecho camino en una profesión que no se consideraba deseable ni apropiada para ellas. Conocer a las artistas y desvelar, gracias a las teóricas, las razones que complicaron o impidieron que muchas otras pudieran desarrollar sus dotes creativas, fue el punto de partida. Pero también fue clave desmitificar la idea de genio vinculada a una imagen masculina e individual, cuestionar la misoginia y objetualización de muchas de las imágenes femeninas en el arte así como conocer las perspectivas y obras que, desde el feminismo, vinieron a transformar profundamente el mundo de la creación artística contemporánea. Desde entonces, este descubrimiento continuo se convirtió en una pasión que, con el tiempo, contagió y transformó los contenidos de mi trabajo como formadora.

Con el curso Mujeres artistas y feminismos. Genealogías y creación artística actual, en el espacio de formación feminista Ágora, os invito a acercarnos al arte desde un cuestionamiento feminista de la historia, visibilizando a mujeres artistas y conociendo propuestas y referentes del arte feminista. Con esta propuesta pretendo, además de desarrollar nuestra capacidad de disfrute, reconocer el papel de las mujeres en la cultura visual y descubrir cómo el arte feminista es una herramienta política con un enorme potencial para el trabajo por los derechos de las mujeres tanto desde el activismo como desde la educación o la intervención social.

Con esta propuesta pretendo descubrir cómo el arte feminista es una herramienta política con un enorme potencial.

En este sentido, veremos como muchos de los temas de la agenda feminista son abordados desde lenguajes creativos por las artistas políticamente comprometidas. Como aperitivo, lo que sucede con la visibilidad lésbica y que cuento aquí La existencia lesbiana como resistencia al patriarcado o la cantidad de propuestas que las artistas, desde un compromiso ecofeminista, están llevando a cabo. Sobre algunas de ellas hablo en Prácticas artísticas y ecofeminismo: Mujeres creando en defensa del medio ambiente

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Encina Villanueva imparte el curso Mujeres artistas y feminismos. Genealogías y creación artística actual. Ágora Espacio de Formación Feminista Para más información, pinchar sobre el tarjetón.

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