Por Alba Martínez Rebolledo

Durante mucho tiempo las campañas sobre violencia sexual dirigidas a la población general, y en especial a adolescentes, se han centrado en la frase “no es no”, pero en los últimos tiempos hemos visto que está obsoleta y que queda todo un campo a trabajar. Necesitamos una nueva forma de entender y de explicar el consentimiento para hacer una transformación de la sensibilización social sobre este tema. Soy pedagoga y desde hace cinco años trabajo la prevención del sexismo, la violencia de género y la violencia sexual con infancia y con jóvenes, además de formar a profesionales para que se especialicen en la igualdad de género.

Hablando con ellos y ellas, con lxs menores, de estos temas me doy cuenta de las carencias, también de la predisposición al cambio, pero sobre todo noto que nos queda un gran camino que recorrer como sociedad cuando veo cómo reaccionamos las personas adultas ante los últimos casos de abusos y agresiones sexuales que están trayendo a la palestra este tema tan necesario de trabajar.

¿Qué solemos entender por consentimiento? Bien, creo que la clave está en la definición del término. Muchas veces se habla de “relaciones consentidas” si la mujer o la chica no se opone abiertamente o permite el acto sexual por estar en estado de shock, no huye o no reacciona violentamente. Creo que debemos de empezar a hablar de “relaciones deseadas”, pues el término consentimiento se ve desvirtuado en muchas ocasiones. Es algo parecido a tener que usar “violencia machista” para entender bien que es eso de la violencia de género.

Creo que debemos de empezar a hablar de “relaciones deseadas”, pues el término consentimiento se ve desvirtuado en muchas ocasiones. Es algo parecido a tener que usar “violencia machista” para entender bien que es eso de la violencia de género. 

El caso de La manada está generando todo un debate sobre este tema: se cuestiona si la chica entró o no al portal por su propio pie, se alega que pudo ser deseado pues tener los ojos cerrados durante una felación es normal y se cuestiona su forma de comportarse después de la violación. Todo un debate en torno a este tema hace inminente cambiar el lenguaje o, al menos, cambiar la forma de entender el término y trabajarlo bien desde los grupos que tenemos en nuestras manos la capacidad de sensibilizar y también a quienes atienden directamente a personas que han vivido un abuso o agresión sexual.

Las relaciones sexuales deben ser deseadas y no tanto “consentidas”, pues creemos que gran parte de los abusos sexuales, basados en relaciones de poder, pueden darse en un contexto de coacción y manipulación en el que incluso la misma víctima puede pensar que ha consentido, cuando en realidad ha sido coaccionada. 

Si ya se hace complicado entender el consentimiento en estos casos, aún más dificil se hace cuando los abusos sexuales se dan en la pareja, donde en muchas ocasiones no hay un forzamiento, sino una manipulación o sometimiento de tipo psicológico en el que las mujeres asumen como parte de su papel en la pareja el mantener relaciones sexuales aunque no sean deseadas o se ven presionadas a mantenerlas:

“Ella no quería tener relaciones sexuales porque decía que la dolía mucho. El no quería usar medios y la forzó, sabiendo que además la dolía….”. Madre de una adolescente de 16 años.

“… yo no quería hacerlo todavía pero él insistió, él no es que me obligara, pero me insistía y presionaba. Si no me hubiera dicho estas cosas yo no lo habría hecho….”. Adolescente de 14 años.

“….Él quería y yo no. Al final lo hicimos sin protección…..”. Adolescente de 15 años.

“…me dijo…. ‘vamos a la cama que quiero hacerlo, es tu obligación y lo tienes que hacer porque estás conmigo'”. Adolescente de 16 años.

“La mayoría de veces no han sido consentidas, cuando llega borracho y estoy yo dormida me empieza a hacer cosas que no debe y yo le digo que pare pero al final, a la fuerza….”. Adolescente de 17 años.

¿No son estos casos claros de violencia sexual? Estos casos son de chicas que se han visto sometidas, coaccionadas, son relaciones no deseadas que minan su autoestima, las hace sufrir y las vuelve aún más sumisas en la relación. Paloma Palenciano habla  en su monólogo No solo duelen los golpes sobre la violación en pareja, ejercida por presión más que con violencia. Ella habla de su situación diciendo “mi novio me violó con todo el amor del mundo”:

Es muy importante trabajar con adolescentes el mito que se centra en culpabilizar a la víctima: qué ropa llevaba, si dijo claramente que no, si era una persona casta o si tenía muchas relaciones sexuales…  Este aspecto es el que va a ayudar a que los jóvenes tengan una mirada diferente sobre la violencia sexual y exista una mayor conciencia. Tener en cuenta el consentimiento como un concepto que habla de “relación sexual deseada” es algo primordial a la hora de valorar los abusos sexuales.

Podemos encontrarnos muchos jóvenes (y no tan jóvenes) calificando las situaciones de presión e insistencia en los que una chica cede a tener sexo como consentimiento. La clave de desear la relación y ser parte activa de la misma se pierde y se culpabiliza a la víctima porque “se prestó al acto sexual y ahora quiere quejarse o denunciarlo”.

Cuando la sexualidad de las mujeres se controla, se juzga y se degrada, se promueve la constante inseguridad en la que vivimos las mujeres. La violencia sexual no se basa en la busqueda de satisfacción, no es un simple impulso incontrolable,  sino que consiste en una persona afirmando el poder y el control sobre otra. En este contexto deja de importar el acuerdo de la otra persona, no se respeta su deseo, lo que acaba convirtiéndola en víctima de un delito contra la libertad sexual.

Por eso, el curso Prevención de la violencia de género y violencia sexual con adolescentes busca dar claves teóricas, pero también metodológicas, que ayuden a educadores/as y a toda persona que trabaja con este colectivo a poder crear un buen discurso, conocer herramientas y recursos, pero también saber cómo aplicarlo. Puedes clickar en la imagen para más información:

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*La Fundación ANAR que trabaja con menores en riesgo tiene una línea teléfonica de ayuda a menores y en su informe de 2016 (aún no ha sido publicado el de 2017) hace referencia a los casos atendidos de violencia sexual.